Obregón en sus 100 años

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El arte colombiano conoció a Alejandro Obregón, gracias a su participación en el V Salón Nacional de Artistas de Colombia en 1944 con las pinturas al óleo como «Retrato de pintor», «Niña con jarro» y «Naturaleza muerta». Su incursión fue recibida con las mejores críticas de la prensa local, que sin dudarlo, calificó su trabajo como un “expresionismo romántico”.

A partir de 1944 surge Obregón como un pintor particular del arte moderno Colombiano porque no propone un alarde a los elementos propios de la modernidad optimista, como el progreso, el culto a la tecnología o el ímpetu por el manejo de materiales industriales. Obregón buscaba la naturaleza y la cultura colombiana como parte central de su obra plástica.

En sus obras fusionaba elementos abstractos y figurativos, como una forma de revelarse contra los purismos modernistas. En su trabajo, en ningún momento se percibe repudio a la figura en sí misma, sino a una figuración que se considera narrativa y literal; que se representa en vez de expresar o simbolizar.

Obregón tuvo posteriormente una fuerte influencia de Picasso, como sucede en su obra «Masacre del 10 de abril», luego de su viaje a París, dejará en él una inquietud por las figuras geometrizantes como «Gato comido por pájaro».

En 1954 conoce a la pintora inglesa Freda Sargent, con quien se casó en Panamá. Ese mismo año conoce en París al pintor español Pablo Picasso.

Su fascinación por la naturaleza colombiana persiste de aquí en adelante en toda su obra. Cóndores, toros, barracudas, mares, jardines, paisajes, peces, gaviotas, imágenes del viento, sol y nubes, son algunos de los elementos presentes en sus obras, que tomaron dimensiones simbólicas. Este es el caso del cóndor, uno de sus símbolos más recurrentes.

Dentro de este aspecto de su obra se destacan: “Pez Dorado” (1947), “Nube Gris” (1948), “Ganado ahogándose en el Magdalena” (1955), “Cóndor de los Andes” (1959), “Toro-Cóndor” (1960), entre otros. En 1967 reemplaza a Marta Traba [1] en la dirección del Museo de Arte Moderno de Bogotá, pero luego viajaría de nuevo a la Costa Caribe, a Cartagena. Durante este periodo realizó algunos murales, y obras que exhibió en Nueva York. En Cartagena viviría hasta su muerte en 1992. Fue sepultado en el mausoleo de la familia Obregón en el cementerio Universal de Barranquilla.

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